A partir este mes de abril de 2026, la Secretaría Distrital de Salud de Bogotá implementó el Proyecto STOP, una iniciativa pionera que utiliza inteligencia artificial (IA) para identificar señales de alerta relacionadas a la salud mental en las redes sociales de Colombia y, de esta forma, prevenir el suicidio.
Según ha señalado la Alcaldía de Bogotá, el sistema de IA analiza publicaciones, interacciones y comportamientos digitales para reconocer posibles indicios de afectaciones emocionales graves (como depresión o pensamientos suicidas). Al detectar patrones de riesgo, el proyecto activa automáticamente rutas de orientación para asegurar que las personas reciban ayuda profesional oportuna.
Cuando el sistema identifica patrones de riesgo, no manda una alerta a los padres ni llama a la policía. Lo que hace es activar una ruta de orientación que busca conectar a esa persona con la Línea 106, el servicio gratuito de acompañamiento emocional del Distrito, sin que el usuario tenga que dar el primer paso.
La estrategia está diseñada para que los usuarios que muestren señales de alerta de salud mental en las redes sociales de Colombia (especialmente aquellos en plataformas como TikTok) puedan ser guiados hacia este servicio sin necesidad de una solicitud directa. Este enfoque es crucial, ya que muchas personas, en particular los jóvenes, no buscan ayuda profesional por iniciativa propia.
Esta estrategia se alinea con los esfuerzos de otros países, como Estados Unidos, donde varios estados han tomado acciones concretas par proteger la salud metal de los jóvenes y la sobreexposición digital.
Desde el 2024, Florida prohibió que los menores de 14 años tengan cuentas en redes sociales y Nueva York ha firmado dos leyes (la Ley SAFE –Stop Addictive Feeds Exploitation– y la Ley de Protección de Datos Infantiles de Nueva York) para proteger la salud mental de los menores. Además, más de 40 fiscales generales estatales presentaron una petición para implementar etiquetas de seguridad en las plataformas sociales en las que se advierta de los riesgos potenciales para los niños, con el objetivo de frenar la adicción a las redes sociales.
América Latina va más lento en ese terreno regulatorio, y por eso proyectos como STOP representan una apuesta diferente: en vez de esperar que las plataformas cambien, usar esas mismas plataformas para llegar a quienes más lo necesitan.
El desarrollo del Proyecto STOP lo lleva a cabo La Secretaría Distrital de Salud de Bogotá, en alianza con la UPF Barcelona School of Management, institución con experiencia previa aplicando esta metodología con éxito en Europa. Los resultados anteriores han demostrado que el uso de estas herramientas digitales amplía el acceso a servicios de apoyo y facilita intervenciones más tempranas en crisis de salud mental. Además el convenio con la universidad española tampoco implica un desembolso económico: es un intercambio de conocimiento técnico y científico.
Ana Freire, directora del proyecto, señala, “Con el Proyecto STOP buscamos tender un puente entre las personas en situación de vulnerabilidad y los servicios de apoyo, combinando tecnología, evidencia y sensibilidad humana para salvar vidas”.
La estrategia de salud mental se complementa con campañas digitales orientadas a usuarios que podrían estar en riesgo. Estos contenidos se centrarán en generar confianza, desestigmatizar la salud mental y motivar a las personas en la búsqueda de ayuda.
La protección a la información es un pilar fundamental de la iniciativa para que tenga resultados favorables, al respecto el Distrito asegura que el análisis se hará de forma anonimizada, sin identificar directamente a los individuos, y bajo estrictos estándares de confidencialidad. Pero la confianza ciudadana en ese tipo de garantías no se construye con comunicados, sino con transparencia real sobre cómo funciona el sistema, quién tiene acceso él, a qué tipo de información.
Sin embargo, el principal desafío radica en garantizar el uso ético y responsable de los datos; pero si este proyecto lo logra, puede ser un modelo valioso no solo para Bogotá sino para otras ciudades latinoamericanas que enfrentan los mismos desafíos.
Imagen: Nano Bana 2
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