Tras un año caracterizado por un marcado contraste entre una notable capacidad de gasto, la tenaz inflación y una política monetaria restrictiva, la información de consumo en Colombia en tiempo real sugiere una economía en desaceleración, aunque sin perder su impulso por completo.
Diciembre, un mes históricamente fuerte debido a las festividades de fin de año, confirmó esta dinámica: el gasto se mantuvo en terreno positivo, aunque con menor intensidad. Esto anticipa un año 2026 de crecimiento más medido y específico.
El gasto de los hogares se mantuvo en territorio positivo durante gran parte del año, a pesar de los desafíos macroeconómicos. Sin embargo, el ritmo de crecimiento se desaceleró significativamente en el último trimestre, señalando un retorno a la normalidad tras un período de fuerte repunte en meses anteriores.
El tercer trimestre de 2025 cerró con un crecimiento anual del consumo del 4,9%, según las estimaciones del Consumer Toolbox. Este dinamismo fue impulsado por la demanda acumulada, una leve mejora en el ingreso real y un aumento en la confianza del consumidor.
No obstante, las proyecciones para el cuarto trimestre son mucho más cautelosas, anticipando un avance anual de sólo el 0,8%, el más bajo del año. Esta desaceleración se atribuye al efecto base acumulado, al endurecimiento de las condiciones crediticias y a una percepción económica futura mixta por parte de los hogares.
Con los datos disponibles hasta noviembre, se estima que el crecimiento total del consumo para 2025 se situará en torno al 3,0%. Aunque positiva, esta cifra es inferior a la de años de mayor auge. En noviembre, el consumo real ya mostró una ligera contracción mensual del 0,2%, indicando que el impulso inicial del gasto ha comenzado a disminuir luego de varios meses con niveles elevados.
Para diciembre, a pesar del impulso tradicional de la temporada festiva, las proyecciones sugieren una moderación anual similar, cercana al 0,2%. Este patrón confirma que el cierre de 2025 estuvo lejos de los niveles de gasto pico de años anteriores, lo que refuerza la idea de una transición hacia un escenario de crecimiento más estable, aunque limitado, en 2026.
La desaceleración económica actual se debe, en gran medida, a la política monetaria contractiva. Si bien las altas tasas de interés han logrado contener la inflación, también han encarecido significativamente el crédito, limitando la capacidad de endeudamiento de las familias y, por ende, moderando el consumo, especialmente de bienes durables.
Sin embargo, el panorama también presenta aspectos positivos. La demanda ha encontrado cierto soporte en la mejora de la confianza del consumidor, impulsada, en parte, por una mayor estabilidad en el mercado laboral y la apreciación de la tasa de cambio. Esta percepción de menor riesgo cambiario y de ingresos más predecibles ha evitado un deterioro abrupto del consumo.
A pesar de estos factores favorables, el crecimiento sigue limitado por la persistencia de la inflación, que continúa presionando el poder adquisitivo. Además, la expectativa de que la política monetaria se mantenga o se endurezca en 2026 fomenta una postura de cautela por parte de los hogares.
El comportamiento del consumo no fue uniforme a nivel nacional, aunque hacia finales de 2025 se observaron claras señales de desaceleración incluso en las regiones más dinámicas.
Antioquia, que se posicionó como líder en crecimiento durante gran parte de 2025 gracias a un sólido primer semestre, experimentó un quiebre en noviembre, cuando el consumo se contrajo aproximadamente un -0,96%, un descenso notable si se compara con el crecimiento superior al 10% de noviembre de 2024. Este cambio apunta a una mayor precaución por parte de los consumidores, quienes ajustaron sus gastos ante un entorno económico menos favorable.
En la región de Bogotá y Cundinamarca, el crecimiento acumulado de 2025 se situó en un 4,2%, cifra respetable pero inferior a la de años anteriores. La desaceleración se agudizó en noviembre, con una caída cercana al 2,3%, en fuerte contraste con el récord de transacciones del mismo mes de 2024. Esto sugiere que los hogares capitalinos están corrigiendo el elevado nivel de gasto que caracterizó el año previo.
El resto del país replicó esta tendencia. Regiones como Caribe, Centro, Occidente y Oriente, a pesar de cerrar el balance anual con crecimientos acumulados positivos, reportaron retrocesos significativos en noviembre en comparación con 2024, con caídas que oscilaron entre el 2,5% y el 3,4%. Esta dinámica generalizada confirma una modificación estructural en el patrón de consumo, alineándose con un contexto de menor expansión económica.
El Black Friday ha alcanzado una fase de madurez, según los datos de 2025. Aunque sigue siendo un periodo comercial crucial, el evento ya no provoca el repunte de consumo extraordinario de años anteriores, sino una estabilización.
La moderación en el consumo se refleja en la intención de compra en línea: mientras que en 2024, Google Trends registró el pico más alto de interés en búsquedas, la atención en 2025, aunque sólida, fue más contenida. Esta correlación entre la intención de búsqueda y el gasto real es un indicador clave.
De hecho, el año de mayor intensidad para el Black Friday, con un récord histórico de transacciones, fue en 2024, según el Consumer Toolbox. Si bien el nivel de gasto en 2025 se mantuvo alto, la tendencia general fue de moderación. Un factor común en la potenciación del gasto en ambos años fue la coincidencia del evento con el segundo pago quincenal, aumentando la disponibilidad de ingresos de los consumidores.
El Black Friday de 2025 mostró un patrón de consumo distinto al habitual. Aunque electrodomésticos y muebles mantuvieron la mayor cuota de mercado, impulsados por fuertes descuentos y liquidaciones, su dinamismo se ralentizó respecto a años anteriores. Esto se atribuye al aumento de las promociones de precios bajos a lo largo del año, lo que redujo el impacto exclusivo de la campaña.
Por otro lado, Moda y Restaurantes registraron una participación estable. El sector Turismo, sin embargo, experimentó un notable crecimiento gracias a ofertas en vuelos y alojamientos. Este auge sugiere que los consumidores están utilizando el Black Friday no tanto para aumentar su gasto total, sino para anticipar la compra de experiencias de mayor valor, como viajes y servicios de hotelería, redistribuyendo su presupuesto anual sin tener que ampliarlo.
Entre las categorías con mayor desempeño destacan Restaurantes, que con gran capacidad para adaptarse al Black Friday ofrecieron promociones 2×1 y extendieron las ofertas por toda la semana. Asimismo, Turismo fue una de las categorías más dinámicas en 2025, a pesar de que los niveles de participación aún están por debajo de pre pandemia.
Si bien aún está incipiente, la categoría Mascotas mostró claras señales de crecimiento, gracias a promociones con la que se pudo hacer rotación de inventarios y estimular el consumo en Colombia.
Por otro lado, Educación es una de las categorías más dinámicas del evento, aunque en los últimos años ha ganado terreno gracias a plataformas digitales y la coincidencia con el cierre del año académico.
Asimismo, Electrodomésticos y muebles perdió tracción en 2025, aun cuando sigue siendo la categoría más relevante en términos absolutos. La disponibilidad de precios accesibles durante el año hizo que la sorpresa de los descuentos fuese menor.
Imagen: GPT-5
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