Hay un dato que no cuadra con el ambiente general si uno solo mira los titulares económicos de este año. La tasa del Banco de la República ronda el 11,25 %, la inflación se resiste a bajar del rango meta (en mayo cerró en 5,84 %, según el DANE), y el FMI acaba de recortar la proyección de crecimiento del país a 2,3 % para 2026. El déficit fiscal, mientras tanto, sigue siendo una de esas palabras que aparece en cada informe de perspectivas con el mismo tono de preocupación. Y sin embargo, en ese mismo escenario, hay fintechs colombianas del sector de financiamiento a PyMEs que están anunciando algo que suena casi a contracorriente: ya alcanzaron el punto de equilibrio.
Y vale la pena entender qué significa realmente, porque “llegar al breakeven” se ha convertido en una de esas frases que se repiten en el ecosistema emprendedor sin que siempre quede claro qué hay detrás.
Plataform es una fintech colombiana que trabaja con factoring y confirming, dos mecanismos que sirven para resolver el mismo dolor de cabeza que tiene casi cualquier PyME: la plata que le deben tarda en llegar. El factoring le permite a una empresa “vender” sus facturas por cobrar y así tener liquidez de inmediato en lugar de esperar 30, 60 o 90 días a que el cliente pague. El confirming funciona al revés, le da a la empresa la posibilidad de asegurarle a sus proveedores que van a cobrar antes del vencimiento, aunque ella misma no tenga el efectivo disponible en ese momento.
La compañía reporta haber financiado a más de 2.400 empresas y, según contó su CEO Felipe Tascón a Semana, el año pasado dieron el salto hacia la rentabilidad. ¿Cómo? No fue un golpe de suerte, fue, en sus propias palabras, un cambio de chip: pasar de crecer a cualquier costo, a crecer de forma eficiente, donde cada peso invertido en conseguir un cliente tuviera un retorno medible.
Eso implicó ajustar la estructura de costos, concentrar recursos donde realmente había tracción, y cambiar las métricas internas con las que el equipo tomaba decisiones. Ya no se trataba solo de cuánto dinero colocaban en el mercado, sino de cuánto de eso se traducía en flujo de caja real y en rentabilidad. La cartera de la empresa, además, mejoró en calidad; el indicador de mora pasó de 0,16 % al cierre de 2025 a 0,75 % en lo corrido de 2026 hasta julio, cifras que, dentro del negocio de crédito, se consideran sanas.
Lo interesante es que Plataform no es una excepción rara en el paisaje. Según el informe Panorama de Crédito de DataCrédito Experian, entre enero y marzo de 2026 las fintech colombianas crecieron un 35 % en desembolsos frente al mismo periodo del año anterior. Para ponerlo en perspectiva, la banca tradicional, en ese mismo lapso, creció apenas 7 %. El sector solidario avanzó 6 % y el sector real, alrededor de 2 %.
Es decir, mientras el crédito tradicional se mueve al ritmo lento que impone un entorno de tasas altas, las fintech están triplicando, y en algunos casos multiplicando por cinco, ese avance. El reporte también señala algo que el 94 % de los créditos otorgados por fintech en 2026 fueron a usuarios con historial crediticio previo, un porcentaje más alto que el de cualquier otro sector. Esto sugiere que, por ahora, buena parte del crecimiento fintech se está dando dentro de la base de usuarios ya bancarizados, y no necesariamente entre quienes históricamente han quedado por fuera del sistema.
Otro caso que apareció junto al de Plataform en la cobertura reciente de Semana es el de LeanCore, otra fintech que está ampliando su operación de crédito digital en el país. El patrón se repite: empresas que antes competían por colocar la mayor cantidad de cartera posible ahora están mirando con más cuidado su costo de fondeo, su costo real de adquisición y de cobranza, y sobre todo, su punto de equilibrio verdadero. Como bien lo resumió un análisis reciente de Colombia Fintech sobre el rumbo del crédito digital en el país, el entorno actual no está matando al crédito digital, lo está filtrando.
Aquí es donde entra la segunda pieza del rompecabezas, y probablemente la que más explica cómo estas empresas lograron sostener el crecimiento sin quemar más capital: la automatización operativa basada en inteligencia artificial.
Mario Márquez, cofundador de Plataform, lo explicó de la siguiente manera: la compañía se declara, desde este año, “IA first”, porque la inteligencia artificial está integrada en cada decisión de crédito, desde la evaluación de riesgo hasta la estructuración de las operaciones. No la usan como una herramienta más entre varias, sino como el fundamento mismo de cómo opera el negocio.
Traducido a términos prácticos, la tecnología permite tomar decisiones de desembolso en horas en lugar de días, procesando volúmenes grandes de información (como facturación electrónica, historiales, comportamiento de pago) sin que el sistema colapse. En un país donde la facturación electrónica ya es obligatoria para casi todas las empresas, eso significa que hay una cantidad enorme de datos financieros disponibles esperando a que alguien los convierta en decisiones de crédito rápidas y bien calibradas. La IA, en este contexto, permite evaluar el riesgo de miles de pequeñas empresas sin necesitar un ejército de analistas revisando expedientes uno por uno.
Iván Illich hablaba de “herramientas convivenciales”: tecnologías que amplían la capacidad de acción de las personas sin someterlas a la lógica de quien las diseña. Vale la pena preguntarse en qué categoría cae la IA aplicada al crédito. Si automatiza la evaluación de riesgo para que una PyME reciba liquidez en horas en lugar de semanas, se acerca bastante al ideal convivencial, porque la herramienta libera tiempo y reduce fricción real. Pero si esa misma automatización termina reforzando el sesgo de prestarle solo a quien ya tiene historial, como sugiere ese 94 % del que hablábamos antes, entonces la tecnología no está ampliando el acceso, solo está haciendo más eficiente la exclusión de siempre.
Todo esto ocurre, además, en medio de un cambio regulatorio que podría ser tan determinante como la propia adopción de IA. El 7 de abril de 2026, el Ministerio de Hacienda expidió el Decreto 0368, que hace obligatorio el sistema de finanzas abiertas (open finance) en Colombia. En términos simples, esto obliga a que los datos financieros de una persona o empresa puedan compartirse, con su autorización, entre distintas entidades, en lugar de quedar encerrados en el banco donde tiene su cuenta.
¿Por qué importa esto para el financiamiento a PyMEs? Porque según Colombia Fintech, el open finance podría incorporar al sistema formal a más de 12 millones de colombianos que hoy son prácticamente invisibles para el scoring de crédito tradicional. Y en paralelo, se discute una liberalización parcial de la tasa de usura, que hoy funciona como un techo único (entre 30 % y 48 % efectivo anual) para perfiles de riesgo completamente distintos. La propuesta busca que las entidades puedan fijar precios diferenciados según el riesgo real de cada cliente, lo que en teoría abriría crédito a segmentos que hoy ninguna entidad puede atender de forma rentable bajo el límite actual.
Es la otra cara de la sostenibilidad financiera, no solo se trata de que la fintech individual sea rentable, sino de si el sistema en su conjunto logra ampliar el acceso al crédito sin que eso signifique asumir riesgos que nadie puede pagar después.
Plataform se ha puesto una meta ambiciosa de crecer entre 50 % y 100 % anual en ingresos entre 2026 y 2030, y financiar a 8.000 nuevas PyMEs. El potencial del mercado de factoring en Colombia, según estimaciones citadas por la propia empresa, ronda los US$50.000 millones anuales durante esta década. Son cifras que suenan, efectivamente, millonarias.
Pero vale la pena sostener la pregunta sin apurarse a responderla: ¿es sostenible proyectar ese tipo de crecimiento acelerado justo en el mismo momento en que Asobancaria advierte que 2026 traerá “más presión inflacionaria y desaceleración económica”, y que se espera una moderación general en el crecimiento de la cartera del sistema financiero por cuenta de tasas más altas? La automatización y la disciplina financiera explican cómo estas fintech llegaron al punto de equilibrio en un entorno difícil. Lo que todavía está por verse es si esa misma fórmula alcanza para sostener, además, el ritmo de expansión que están prometiendo.
Imagen: GPT
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