Muchas veces, la idea de seguridad de las empresas se basan en espacios físicos e instalaciones, pero el ecosistema digital también esconde una gran amenaza, una que puede hacer que datos sensibles y activos informáticos caigan en manos de criminales digitales. Además, considerando que los ciberataques en Colombia en 2024 crecieron de manera significativa, es importante prestar más atención a la seguridad digital.
Según el «Índice de Inteligencia de Amenazas X-Force 2025» realizado por IBM y Red Hat, Colombia es el cuarto país con más ciberataques en América Latina, sólo superado por Brasil (53%), México (13%) y Perú (13%).
En el informe se destaca que a nivel global, Latinoamérica es la región con menor participación en el total de las amenazas, con un 8%, lo que representa una mejora respecto a años anteriores cuando el total de ataques ascendía al 12%. A la vez esto demuestra que hay una gran oportunidad para hacer más robusta la seguridad en tanto el continente no sea el principal blanco de los atacantes.
Aun cuando en el panorama global América Latina sale favorecido, se muestra que hay margen de maniobra y mejora.
Los intentos de ciberataques en Colombia 2024 ascendieron a 36.000 millones, de los cuales 20.000 millones ocurrieron durante el primer semestre. Además, el Equipo de Respuesta a Emergencias Cibernéticas de Colombia (ColCert) encontró 22.086 vulnerabilidades en ese mismo año. Estas cifras son una muestra del inmenso volumen de riesgos que corre el ecosistema digital y que pueden traer terribles consecuencias para empresas y usuarios.
Por su parte, ERC Colombia, empresa nacional de ciberseguridad, destaca que las vulnerabilidades que más se explotan en la actualidad se refieren a fallos en dispositivos IoT (internet de las cosas), configuraciones no confiables en la nube, ataques que se dirigen a infraestructuras críticas y, por supuesto, errores asociados al factor humano. Ante este contexto, la educación de los trabajadores y la inversión en tecnologías que detectan los ataques tempranos, son claves para contrarrestarlos.
Óscar Díaz, chief commercial officer de ERC Colombia, señaló, «el incremento exponencial de los ciberataques en Colombia responde a una combinación peligrosa: bajo presupuesto en ciberseguridad, falta de formación, sistemas desactualizados y una digitalización acelerada que ha superado la preparación técnica de muchas organizaciones».
Si bien todas las empresas corren el riesgo de ser atacadas, hay algunas que pueden estar más expuestas por pertenecer a los sectores económicos que prefieren los atacantes.
En este sentido, y según el reporte de IBM y Red Hat, las manufacturas se llevan el 26% de los ciberataques en Colombia en 2024, seguido por empresas que pertenecen al sector financiero y seguros (23%), empresas de servicios (18%) y energía (10%).
Otros sectores que también son fuertemente atacados, pero con una participación de un solo dígito son transporte (7%), salud (5%), retail (5%) y gobierno (3%). El comercio mayorista, educación y medios se llevan cada uno el 1% de los ataques.
Por otro lado, el informe de IBM y Red Hat señala los ataques más comunes y los métodos más usados por los delincuentes digitales. El listado va desde el más usado hasta el menos usado:
Más allá de los ataques digitales tradicionales, que son bastantes, un nuevo reto se erige para las empresas de seguridad: la Inteligencia Artificial. Si bien esta tecnología puede ser una gran herramienta para combatir los ciberataques de Colombia en 2024, también son una importante ayuda para los delincuentes.
Díaz destacó que ahora, «los delincuentes analizan sus objetivos, adaptan sus métodos e incluso utilizan deepfakes y herramientas de IA para engañar con una precisión alarmante. Esto obliga a las empresas colombianas a adoptar un enfoque más estratégico, preventivo y formativo en su seguridad digital».
Para Controles Empresariales los principales riesgos financieros del uso de la IA van desde la suplantación de la identidad de directivos usando deepfakes de voz y videos para que los empleados les suministren autorizaciones de transferencias bancarias, acceder a sistemas contables para cambiar balances, desviar cuentas y alterar reportes financieros hasta falsificación de documentos fiscales o alteración de registros contables para evitar controles regulatorios.
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